Hay decisiones que duelen.
Y sin embargo, sabes que son las correctas.
Porque te rompen por dentro… pero también te sueltan.
Porque te quitan algo… pero te devuelven a ti.
Soltar a alguien que amas.
Decir que no cuando todo en ti quiere complacer.
Cerrar una puerta sin saber si habrá otra.
Llorar sabiendo que no vas a volver.
Eso también es libertad.
Una que no se celebra con fuegos artificiales,
sino en silencio.
Con lágrimas.
Con nudos en la garganta y una paz que llega muy despacio.
Nos enseñaron que lo que duele hay que evitarlo.
Pero nadie nos dijo que a veces, lo que duele… también sana.
También limpia.
También nos hace más fuertes.
Porque hay vínculos que pesan.
Hay lugares que apagan.
Hay costumbres que encadenan.
Y salir de ahí no es egoísmo. Es amor propio.
Así que si hoy estás atravesando algo que duele,
pero en el fondo sabes que es necesario…
no te castigues.
Estás siendo valiente.
Estás eligiendo tu verdad, aunque escueza.
Y eso, aunque hoy no lo parezca,
es el inicio de tu libertad.